“La buena salud mental de Van Gogh puede ser proclamada, pues a lo largo de toda su vida sólo se hizo cocinar una mano y, dejando esto de lado, no llegó más que a cortarse la oreja izquierda”. Antonin Artaud.
I.
Una oreja
Tímida mariposa sangrando
Las letras del hierro
Parpadeando la última palabra escuchada
El adiós quizás
Con la medida de las flores en los muros
En el florero tosiendo el humo de la pipa
Oreja pajarera
Mentira piadosa del te amo
Terrestre gozo de la ceniza en los inviernos
Pez prematuro de la lluvia
Espejo donde se oculta el odio
Una oreja
Cortando el corpóreo silencio de las cosas
En una caja de madera
De cerillos estallados
Oreja de júbilo primaveral
Arena menuda para cansar los océanos
Concha marina donde guardar el olor de los ángeles del sueño
Tanto alboroto por una oreja los últimos años
Uno puede cortarse
Supongo
El reclinado musgo de la edad en cada hueso
Los dedos como estaciones furiosas escapando de los calendarios
El pulso como astro fulminado al morir bajo el peso de una boca
Las pestañas como agujas guardando el desvelo
Se puede cortar las extremidades
Al dejar nublados los cuadernos sin poesía
Sin ira sobre las dactilares manías de la ropa tirada bajo la cama
Se puede claro está
Cortarle las tetas a tu mujer con esa espátula garabateando lunas
Cortárselas de un trazo menguante sobre el cuadro sin terminar
Digo
Si no es tanto pedir
Apenas pueda
Me pintaré una nueva
Como buen gesto
Para degollar nuevamente tus gritos
Y nadie recordará
Que quise alimentarte con ella.
Noé Lima (El Salvador).
II.
Tú que anhelaste ser labrador del campo,
El corazón áspero,
los aguijones curvos como un tejedor,
hacer
sin el martillo de la compulsión
Te tragaron tantos
todos
obsesivos
demasiado
infinitos
espirales
Jamás
se atrevieron
las ánimas a ahogarse
en tu oleo de sudor
saliva y lágrimas,
sólo Theo escoltó
tu derroche de fe en Dios
el peso
de estar despoblado
No te quedó otro amparo
Que el refugio del delirio
desafinado anochecido
agudo
como relámpago
en tu oído derecho
alivianando
un poco el ruido del mundo
Lástima que es tan tarde
Ahora que deseamos abrigarte
y no logramos retroceder
tu entrega
Iris blanco,
el sacrificio de hambre
Lástima que buscamos
tu amarillo
no el trigo ni tu ático
de polvoroso letargo,
sino tu color encarnado,
tu amarillo
violentando la vida
Alina Kummerfeldt (Guatemala).
Genial
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