EL OMBLIGO DE AMY.
La frágil medianoche era una tumba
un epitafio en el hocico de los perros
era un proyecto submarino en una botella
para agitar los labios en cada cubo de hielo
(no puedo dormir
mis dientes son barrotes inquietos por el frío)
De golpe me acordé de tu muerte
Amy
de tu garganta de cera virgen
que siempre fulge cuando enciendo
y sintonizo
con el humo los inviernos
que han pasado llorándote
con todo el peso del cielo
por el silencio helado de tu boca
Y de golpe
la mariposa del sueño era un susurro
como blanca pluma que escribe
en medio de las venas como espigas
-drogadas por el sol triturado en la retina-
del hondo smog de Londres
de las leguas calladas del Támesis
como un trozo de cristal
que vaga herido por buscar tu risa
tu boca de diadema celeste
para atrapar la calavera naranja
en que se convierte el reloj del Big Ben
cuando el cielo rojo de otoño es una carcajada
en todas las vidrieras
La frágil media noche se parece a tu cintura
a tus pestañas de piano prostituido
por la lasciva piel de la heroína
si es que el líquido de la droga
es otro cuerpo que te posee
vacía
sin trapecios
que hagan más anchos tus senos
las piernas exactas
para medir la espesura de la niebla
ahora marchitas por la droga
por el enmascarado hueso del hambre
de las venas
Amy
como el perro que ladra y deja su aliento pegado
como legaña pegajosa en la bóveda acústica
en que se convierten las calles
al recordarte muerta
y que no eras tan buena para quitarme el insomnio.
Noé Lima (El Salvador)
El cielo es un exceso,
el mundo te reclama un teatro,
a la salida
no calientan las lenguas del sol nylon
ni hay diademas de laureles que maquillen fantasmas
decoren melenas
o cubran impecables las ausencias
De regreso a la muñeca rusa tricolor del negro
en las zanjas de mis cicatrices he sembrado
semillas brunas
y se me escucha la voz en erupción de pétalos
la sangre como un látigo
rompiendo el paisaje
por una pulgada
de calor
Duermo la siesta en el monólogo del rey
desajusto el carnaval con mi sonrisa blanca
desnuda
no necesito salvarme de la indecencia
del pecado, la locura
me he transformado en el títere escuálido
de la música
He perdido la dignidad vana con la muerte
en un trueque por amor
o por un trago,
habrá que ir lejos
el cielo
sale caro.
Alina Kummerfeldt (Guatemala)
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