SABEMOS DE ALEGRÍA LOS TRISTES
Es bendita la noche
nos hace olvidar
el horror de las cosas bajo la luz clara,
las sonrisas se descomponen en las avenidas
y marchan pegadas sin parpadear
martes jueves domingos
Una bulla payaso se ancla con su perfume obsceno
perforando la pupila nasal,
esa risa diarreica intenta colarse
cuando se acercan los ojos
a inhalar la vitrina del circo
de los imbéciles
Cómo vivir sobreviviendo solamente en la noche,
somos hermanos en el Carrusel del desierto
sedientos de preguntas,
Cuál es infinita, la sed o la pregunta,
La respuesta es un vanidoso pretexto,
Qué importa el espejismo
Queremos
atravesar los años lamiendo libros
con el zumbido de un abrazo como música de fondo
jugando a soñar y a mojarnos
en el más hermoso cuarto oscuro
a la mitad de unas caderas
exprimiendo
hasta lo último de la urgencia
Si no es el amor urgente, entonces no,
le diremos a las mujeres
que no nos merecen,
sino te sientes deshidratada cuando me voy,
entonces no,
nos dirían los tipos que valen la pena
No nos vamos a quedar por gusto
calculando
a c u e n t a d e g o t a s e l f i n d e l m u n d o,
Escribiremos el poema de nuestra lapida,
Robaremos la leche de los números,
Seremos huérfanos del tiempo,
Pariendo en una carta a nuestros padres,
Sin caminos tal vez y sin trofeos,
Sin el respeto de los canallas
y de los estúpidos
La libertad no termina nunca,
Libres es siempre comienzo,
Sabemos de alegría, los tristes,
Nos vamos a donde quiera que estés Andresito,
a ellos los matan, nosotros elegimos
Cuál muerte vivir
Alina Kummerfeldt (Guatemala)
SESENTA PASTILLAS DE SECOBARBITAL.
Una hoja en blanco siempre está plagada de preguntas
Siempre vocifera
a lo lejos si el veneno apunta directo a las arterias
Lo hace sujetándose al calor de Cali
al aspecto de estrella de pop famélico
a la mirada llena de fuegos artificiales
saliendo de una discoteca hipocondríaca
ante ese gesto de un macondo hundido en la alcantarilla
y ese invierno arrugado en las vidrieras
después de que el corazón termine de bombear la última
canícula de ese alfabeto que grita en el estómago
y que te dice
que vas a morirte
y no hay quien toque la trompeta
en los afilados dientes de caperucita
Cali es una sutura ante el ruido de la avenida
un cariado arco en el diafragma
un cordero degollado con la sombra del tendido telefónico
con la voz de Héctor Lavoe
que resuella sobre las tachaduras
de cada nombre en la barra de la cantina
que el amor es una mierda
una bocanada con axilas de ángel
en las grietas de las paredes
Cali es una sutura de salivazos en los portones
Lo es mientras la página en blanco te llama
por tu nombre
señales particulares
cicatrices de guerra en el colegio franciscano
películas vistas a lo largo de tu vida
guiones de cine sin acabar con orgías en el celuloide
en ese beso de coral que solamente se guarda en la funda de la almohada
Lo es mientras los intestinos se convierten en olas
la respiración es una puta abotonada a los párpados del aire
la piel es una llaga ocular para el espejo retrovisor de los coches
la hinchazón de la cara es una moneda estrellada contra la luna
y los latidos del corazón son paquidermos con sueño
en el afilado murmullo de las manecillas de los relojes
Cali respira ya muy lento
Andrés
de náusea cálida como el abrazo del sol cuando estalla sobre los mares
no dejes de respirar hasta que termine la música
esos aulladores barcos
parecidos al capilar arpegio de tu libro bajo el brazo
Sesenta pastillas de secobarbital
no me lo creo
para que un bostezo dure tanto en al alféizar cálido de los muros
ahogados con tu voz
en Cali
en el cuaderno victimario que sufre de inmolaciones
cada vez que arrancas esa página en blanco
y no puedes escribir bien tu nombre.
Noé Lima, El Salvador.
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